
Reflexión (S. Juan Pablo II, 1 de septiembre de 1985)
“La ciencia humana es como el agua de nuestros fuentes: quien la bebe, vuelve a tener sed. La sabiduría y la ciencia de Jesús, en cambio, abren los ojos de la mente, mueven el corazón en la profundidad del ser y engendran al hombre en el amor trascendente; liberan de las tinieblas del error, de las manchas del pecado, del peligro de la muerte, y conducen a la plenitud de la comunión de esos bienes divinos, que trascienden la comprensión de la mente humana (Dei Verbum, 6). Con la sabiduría y la ciencia de Jesús, nos arraigamos, y fundamentarnos en la caridad (Ef 3,17). Se crea el hombre nuevo, interior, que pone a Dios en el centro de su vida y a sí mismo al servicio de los hermanos. Es el grado de perfección que alcanza María, Madre de Jesús y Madre nuestra: ejemplo único de criatura nueva, enriquecida con la plenitud de gracia y dispuesta a cumplir la voluntad de Dios» «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Y por esto, nosotros la invocamos como «Trono de la Sabiduría»”.
Propósito: Ordenar mi casa por amor al Corazón de Jesús.
Jaculatoria: GRANDEZA del Corazón de Jesús, confundid mi corazón.