
Reflexión (S. Juan Pablo II, 13 de agosto de 1989)
“En toda la vida de Cristo, la predicación del Reino fue un ministerio de consolación: anuncio de un alegre mensaje a los pobres, proclamación de libertad a los oprimidos, de curación a los enfermos, de gracia y de salvación a todos (Lc 4,16-211: Is 61,1-2). Del Corazón de Cristo brotó esta tranquilizadora bienaventuranza: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» (Mt 5,5), así como la tranquilizadora invitación: «Venid a mi todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso» (Mt 11,28). La consolación que provenía del Corazón de Cristo era participación en el sufrimiento humano, voluntad de mitigar el ansia y aliviar la tristeza, y signo concreto de amistad. En sus palabras y en sus gestos de consolación se unían admirablemente la riqueza del sentimiento y la eficacia de la acción”.
Propósito: Hablar a alguien sobre tu preparación para la Consagración al Sagrado Corazón.
Jaculatoria: SANTIDAD del Corazón de Jesús, purificad mi corazón.