
Reflexión (S. Juan Pablo II, 31 de agosto de 1986)
“Corazón de Jesús en Getsemaní, que «se entristece hasta la muerte» que siente el «peso» terrible. Cuando dice: «Todo te es posible: aleja de mí este cáliz» (Mc.14,36). El sabe, al mismo tiempo, cuál es la voluntad del Padre, y no desea otra cosa que cumplirla: derramar el cáliz hasta el fondo. Corazón de Jesús, despedazado con la eterna sentencia: efectivamente, Dios ha amado tanto al mundo hasta dar su Hijo unigénito… «El Justo, mi Siervo, justificará a muchos… Se cumplirá por su medio la voluntad del Señor?» (Is 53,11) ¡La voluntad del Padre! ¡No la mía, sino tu voluntad!”
Propósito: Invitar a alguien a la Misa dominical de mañana.
Jaculatoria: PROVIDENCIA del Corazón de Jesús, velad sobre mi corazón.