«Jesús comenzó su camino desde lejos, acompañado por sus discípulos y por una multitud creciente de peregrinos. Durante ese camino, Jesús anunció su pasión a sus discípulos, lo cual quiere decir que no solo estaba realizando un camino exterior, sino un camino interior. En su Corazón, se estaba preparando para el sacrificio redentor. No solo estaba subiendo hacia Jerusalén, desde la llanura de Galilea, sino que también estaba subiendo hasta la Cruz, para dar la vida por nosotros.
Se acercaba la fiesta de la Pascua, y, como buen judío, Jesús se dirigía hacia el templo de Jerusalén, el lugar donde Dios había querido fijar su morada. Dios es infinito, ningún lugar puede contenerlo, pero Dios quiso fijar su morada en el templo, para que el hombre tuviera un lugar donde encontrarlo y donde poder adorarlo….El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. En este Domingo de Ramos, dejémonos purificar por el Señor. Dejemos que Cristo arroje de nuestro corazón, de nuestra vida y de nuestra Iglesia, todo lo que es contrario a Él. Nuestros pecados son como una carcoma que va desfigurando, poco a poco, el rostro de nuestra Madre, la Iglesia. Embellezcamos el rostro de la Iglesia con una vida santa: con una vida de oración y de servicio al prójimo. Salgamos al encuentro de los que están en las cunetas de la vida, en las periferias existenciales, como le gustaba decir al Papa Francisco. Pidamos a Jesús un corazón nuevo, y un espíritu nuevo, para que, en esta Semana Santa, celebremos los misterios de nuestra fe “en espíritu y en verdad”. A todos les deseo una feliz Semana Santa. Que así sea.»
De la homilía de D. Antonio Prieto el domingo de Ramos 2026
