El viernes 16 de mayo, siguiendo la recomendación del Papa Francisco para el año 2025 como año jubilar de la Esperanza, en el que señalaba que los que no pudieran acudir a Roma lo celebrarán en las Iglesias particulares. Alumnos de una decena de colegios concertados de nuestra diócesis, acompañados por sus profesores han peregrinado juntos hasta la Catedral Magistral de los Santos Niños.


Con esta peregrinación han querido celebrar que Cristo nos ha abierto el horizonte hacia una gran esperanza, nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto. La esperanza que nos trae Jesús en la vida eterna comienza ya aquí y ahora, la podemos experimentar en esta vida, pues la vida eterna es creer en Él, conocerle, seguirle y amarle.


En el rito de inicio celebrado en la iglesia de Santa María , dos alumnas nos recordaban que muchas veces nos encontramos sumergidos en un mundo sin esperanza, donde las decepciones se hacen presentes, donde la desilusión anida en nuestro corazón…Pero en este día y durante el año jubilar todos estamos invitados a reavivar la esperanza y la Palabra de Dios nos ayudará a ello. La esperanza cristiana, no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor de Dios.



Durante la peregrinación, los 500 alumnos participantes encabezados por el obispo Don Antonio peregrinaron siguiendo la cruz que es signo de la fe que abraza y también de la esperanza que nunca puede ser abandonada. Como un río, cientos de jóvenes han recorrido la Calle Mayor contagiando a todos su alegría y experimentado en primera persona la alegría de fe y la grandeza de la fe que es verdadera Esperanza para el mundo.
Esta celebración ha conseguido entre otras cosas, recordarnos que somos peregrinos desde el nacimiento hasta la muerte y que el amor de Dios se manifiesta en su misericordia. Esto nos lleva a ser no solo peregrinos por los caminos de este mundo, sino ser peregrinos de esperanza con nuestra vida.





Ya en la Magistral, los más de 500 alumnos compartieron la oración del Vía Lucis, camino de Luz y Esperanza para el mundo, hicieron una reflexión sobre cada estación y escucharon las enseñanzas del obispo. «Sus cantos y oración han resonado en el templo como aire fresco y ofrenda que seguro ha agradado mucho a Dios. Se llevan en el corazón una certeza: Jesús está vivo y la Esperanza no defrauda»



