Abrid vuestras puertas, ciudades de paz, que el Rey de la gloria ya pronto vendrá.
En el Ángelus del primer domingo de Adviento, el Papa Francisco nos da un interesante consejo: «No permitas que tu corazón se vuelva perezoso». Nos invita a estar atentos y rezar ante la tentación de la acedia, la pereza y el sillón.
En el Evangelio Jesús anuncia “acontecimientos desoladores y tribulaciones”, pero al mismo tiempo “invita a no tener miedo”, no porque “todo irá bien”, dijo, “sino porque Él vendrá, lo ha prometido”. “La vigilancia significa esto: no permitas que tu corazón se vuelva perezoso y que tu vida espiritual se ablande en la mediocridad”.
“¿Qué es lo que pesa en mi espíritu? ¿Qué me hace sentarme en el sillón de la pereza? ¿Cuáles son las mediocridades que me paralizan, los vicios que me aplastan contra el suelo y me impiden levantar la cabeza? Y con respecto a las cargas que pesan sobre los hombros de los hermanos, ¿estoy atento o soy indiferente?”.
El Papa nos propone repetir en Adviento frases como «Ven, Señor Jesús».
«Pensemos en el pesebre, en la Navidad y digamos de corazón: Ven Señor Jesús, ven. Ven Señor Jesús, es una oración que podemos decirla tres veces, todos juntos«. Repitamos esta oración a lo largo del día: ¡el ánimo permanecerá vigilante! Y pidamos a la Virgen que nos acompañe en este camino»,
Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión. Antes, nos recogemos unos instantes en silencio y pedimos que el Señor bendiga esta corona de Adviento.
Oremos
La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo
ante tu Hijo, el Señor Jesús,
que se avecina como luz esplendorosa,
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas,
de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona
con ramos del bosque y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar
el tiempo de preparación
para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor,
que, mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines
con el esplendor de Aquel que,
por ser la Luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Te lo pedimos por Él mismo
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amen

