Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.
No carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final.
Salgamos al encuentro del Señor que se acerca! ¡Hagámoslo acompañado de las buenas obras! Sin embargo, no conocemos ni la hora ni el día de su llegada, por eso la actitud propia del cristiano es la de una amorosa vigilancia.
Preparamos nuestra corona de Adviento. VELAD!!


