¡Está cerca el Reino de Dios! El Reino era la más alta aspiración y esperanza del Antiguo Testamento: El Mesías debía reinar como único soberano y todo quedaría sometido a sus pies. El hermoso pasaje de Isaías ilustra con acierto las características de este nuevo reino mesiánico: «brotará un renuevo del tronco de Jesé… sobre él se posará el espíritu… habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito. Habrá justicia y fidelidad». Ante la inminencia de la llegada del Reino de los cielos se impone la conversión. Se trata de un cambio profundo en la mente y en las obras, un cambio total y radical que toca las fibras más profundas de la persona. Precisamente porque Dios se ha dirigido a nosotros con amor benevolente, el hombre debe dirigirse a Dios, debe convertirse a Él en el amor de donación a sus hermanos.
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